martes, 19 de mayo de 2009

En el afán de vivir dejamos de vivir; He aquí el primer protocolo humano de la vida.

Recordemos en las palabras del viejo Heráclito, quien nos dijo una vez; "No nos bañamos dos veces en el mismo río", tal es la sentencia, que através de una metáfora nos precipita a comprender el transito inexorable del tiempo de la vida. El río es movimiento, es fuerza natural. Cuando nos paramos frente a él, nos es forzoso el reflexionar sobre qué es lo que estamos viendo realmente, al río, a un segmento que jamás existirá de él, pués nos creamos la necesidad ideal de ver algo que solo transita. El agua de ayer no es el agua de hoy. Así transcurre el tiempo de la vida y no estoy hablando del tiempo matemático, ese que es posible medir, estoy hablando del tiempo figurativo, que es el mismo tiempo del amor, que nos parece estático, por el hecho de que la persona que buscamos esta en un lugar físico definible, éste transcurre, y si el amor se estanca, no debemos estancarnos con él, sino simplemente fluir. ¿Es posible recuperar un amor?, creo que no, oir que todo aquello que se estanca debe fluir, sino las aguas se obscurecen y empantanan, debemos ser conscientes de que no podemos recuperar lo perdido, eso es designio capital de lo que transcurre, sin embargo es posible amar con un nuevo amor, se debe construir desde el principio.
Hablo del tiempo que vivimos con todo el cuerpo y el alma, no del que perdemos en una fila de pagos o detenidos frente a un semáforo, hablo de vivir. Sin embargo debemos saber de que esto que vivimos no lo vivimos, el presente nos lastima, lo ocultamos de nuestra vida por que nos aflige y si nos es agradable nos pesa el verlo escapar. Tratamos de sostenerlo para el porvenir, mas aún, pensamos en disponer las cosas que no están en nuestro poder, para un tiempo que no estamos seguros de llegar, no debeis cometer este error hermanos míos, pues se paga con la vida.
Así se nos desvanece el presente, se nos va de las manos, queremos conservarlo pero se nos deshace, y nos quedamos arrodillados en una ladera de nustra propia historia, con el rostro petrificado y sientiento un penetrante frio, que cala los huesos, al contraste de ese calido presente, de esos momentos maravillosos que se pulverizan.
SOLO TENEMOS LO QUE NO HEMOS SIDO Y A LO QUE YA NO ES.
Tengo al "no ser", tengo al futuro que es "lo que no ha sido" y en consecuencia tampoco es.
Así jamás vivimos, sino que esperamos vivir, disponiendonos siempre a ser felices, es inevitable que no lo seamos jamás¡¡¡¡
"aqui esta el segundo protocolo , el que consciste en el protocolo humano de la felicidad.

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